Nuevo Congreso, se puede ser mejor que el peor de la historia

Está a pocas semanas de irse, de culminar su gestión, y en medio de tantas malas noticias esa es una que alivia un poquito. El Congreso de la República elegido para el periodo 2021-2026 terminará su mandato pronto, y lo hará con una aprobación de no más del 5 %, y una desaprobación que supera el 90 %.

Las instituciones, se dice, no solo se configuran por sus normas y estructura, sino también por quienes las conforman y, principalmente, por el carácter de quienes las conducen.

María del Carmen Alva, Lady Camones, José Williams Zapata, Alejandro Soto, Eduardo Salhuana, José Jeri y Fernando Rospigliosi, desde la presidencia de la mesa directiva del Congreso que fenece, han dejado una marca de doblez, impudicia y mediocridad sin parangón. Hemos tenido pésimos congresos en la historia de la República, pero este último ha dejado la valla por los suelos, y no hay prácticamente nada que futura gestión alguna deba igualar.

Habiendo empezado con una aprobación del 31 %, en agosto de 2021, tres años después cayó a 5 %, llegando a solo 2 % en enero de 2025. A ese Congreso le debemos las leyes pro-crimen, el control político del Tribunal Constitucional, Defensoría del Pueblo, la Junta Nacional de Justicia, Ministerio Público, Poder Ejecutivo y otras instituciones del Estado, las leyes de impunidad para policías y militares, varias leyes que han tenido un impacto fiscal negativo, el ’blindaje’ de los responsables de las ejecuciones extrajudiciales de 2022 y 2023 y, más recientemente, de la masacre de Colcabamba perpetrada el 25 de abril de 2026, entre otras manifestaciones de su desprecio por la integridad, la estabilidad y la justicia.

¿Cambiarán las cosas en el próximo Congreso, ahora en su versión bicameral? Posibilidades hay, aunque el fujimorismo y su socio supérstite del pacto mafioso tendrán algunas ventajas.

Si partimos por la conformación de las cámaras que se instalarán en julio 2026 y gobernarán hasta julio 2031, Fuerza Popular, tendrá más representantes y será la bancada más fuerte en ambas cámaras: 22 de 60 en el Senado y 41 de 130 en la Cámara de Diputados.

Sí, como parecería lógico, Fuerza Popular reedita su alianza con Renovación Popular, considerando que el partido de Rafael López Aliaga tendrá 8 senadores y 15 diputados lograrían contar con 30 senadores, exactamente la mitad, y con 56 diputados, el 43% de esa cámara.

¿Con qué fin se unirían? Si tenemos en cuenta los antecedentes, me refiero a su actuación y a los intereses que han defendido o promovido en el Congreso actual, diría que para procurar consolidar una agenda regresionista o antiderechos, para seguir copando y controlando las principales instituciones del Estado, para continuar desmontando todo lo que se había logrado en la inclusión del enfoque de género en las políticas públicas, y para seguir favoreciendo la impunidad y el crimen organizado.

De confirmarse la victoria de la señora Fujimori en la segunda vuelta electoral, el fujimorismo necesitará afianzar su alianza con Renovación Popular para prevenir cualquier fiscalización efectiva del poder ejecutivo.

Del otro lado, si se formase un bloque entre las otras cuatro agrupaciones políticas que tendrán representantes en la Cámara de Diputados y en el Senado podrán sumar la otra mitad de senadores, 30, y 74 diputados (Juntos por el Perú 32, Partido por el Buen Gobierno 18, Ahora Nación 10, y Obras 14).

Sin embargo, ni en una cámara ni en la otra eso es seguro. Se desconoce la trayectoria política de gran parte de sus representantes, no existe seguridad de la cohesión de esos partidos, y hay dos cifras que probablemente cuenten: el 75 % de diputados y senadores son parlamentarios por primera vez, y los más experimentados entre todos serán los fujimoristas. Considerando que el 54 % de estos han sido congresistas antes, podrían aprovechar las oportunidades. Lo que suceda, entonces, dependerá de las alianzas que se tejan, y de cómo se decanten algunos diputados y senadores que pudieran distanciarse de sus partidos e irse por la libre. Aunque podemos suponer que el próximo Congreso no será peor que el actual, solo es posible garantizar algo mejor con la participación y vigilancia de la ciudadanía.

Por: Germán Vargas F.  

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