Ser feministas por ser cristianas

¿Qué relación hay entre cristianismo y feminismo?, ¿son contradictorios? Actualmente, hay quienes piensan que el feminismo (el singular no quiere soslayar la diversidad de este movimiento) se opone irreconciliablemente con la religión cristiana; desde esta mirada, ser feminista y a la vez cristiana es algo simplemente imposible. En estas líneas, brevemente, quisiera sostener lo contrario, es decir, argumentar

que ser cristiana/o no solo no se opone a ser feminista, sino, más bien, lo exige en cuanto implica reconocer que las mujeres son personas con dignidad, hechas a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, dignas de vivir en plenitud.

El feminismo, al ser, un movimiento plural que tiene como principal causa la superación de las diversas opresiones, exclusiones y violencias que vulneran a las mujeres y la búsqueda de la igualdad y el reconocimiento de su dignidad como seres humanos, entronca con el cristianismo que tiene como fundamento las enseñanzas de Jesucristo y el anuncio de su mensaje del Reino de Dios y sus valores y principios de solidaridad, igualdad y justicia.  

Si bien no se puede afirmar que Jesús fue feminista -además, el feminismo como tal no existía en aquellos tiempos en los que vivió-, los testimonios neotestamentarios dejan constancia de que Jesús invitaba a un trato igualitario hacia las mujeres; diversas acciones suyas apuntaban a visibilizarlas en aquella sociedad patriarcal en la que vivió, a reconocer su dignidad cuestionando prejuicios y estereotipos sexistas y violentos y confrontando la doble moral y el criterio desigual con que se juzgaba a las mujeres y a los varones (cf. Jn 8, 1-8), a redefinir el único rol que se atribuía a las mujeres, el de ser madres (cf. Lc 10, 38-42). Las acciones y palabras que Jesús dirige hacia las mujeres son dignificadoras y humanizadoras, quiebran violencias y exclusiones; al mismo tiempo son escandalosas para su sociedad.   

Asimismo, su invitación a formar una “nueva familia” (cf. Mt 12, 49; 28, 19) constituida por “madres”, “hermanos” y “hermanas” (cf. Mt 12, 46-50) pone en tela de juicio la existencia de la “familia patriarcal”, cuya cabeza es el varón. La “nueva familia” a la que convoca Jesús es una donde las discípulas y discípulos se reconocen mutuamente y viven sin discriminaciones, “donde se aboga por otro tipo de interacciones, distintas a las relaciones tradicionales en los grupos sociales, en la familia y en el matrimonio”1; se trata de una comunidad donde se propugna el valor de la igualdad entre hombres y mujeres con una común dignidad, la de ser hijos e hijas de Dios.  

Si ser cristiana/o significa seguir a Jesús, entonces, es preciso actualizar sus opciones y posiciones en nuestras sociedades de hoy, replicando sus acciones y palabras sanadoras y constructoras de vida digna y liberadoras de aquellas cargas que la sociedad impone a las mujeres y que les genera sufrimiento, cargas que se oponen a la voluntad salvífica y al amor de Dios. Si en esto, que es lo más básico, coinciden el feminismo y el cristianismo, entonces, no hay tal oposición, y ser cristianas/os es totalmente compatible con ser feministas. Como afirma la teóloga Virginia Azcuy, “en fidelidad al evangelio de Jesucristo, en quien ya no hay varón ni mujer (cf. Gál 3,28), elegimos ser feministas para rechazar el sexismo como contrario al plan de Dios y a las relaciones humanas de reciprocidad […] El feminismo es como un aguijón para toda corriente o posición teológica, porque ayuda a abrir los ojos y despertar para que la vida de las mujeres, de todo ser humano y del cosmos pueda florecer.”2 

Por: Silvia Cáceres

  1. Estévez, E. (2012). Las mujeres en los orígenes del cristianismo. Editorial Verbo Divino, p. 95 ↩︎
  2. Azcuy, V. (2017). Teologías feministas en/desde América Latina y el Caribe. Entre el florecimiento, la diversificación y el reto de la recepción en Aranguren F. y Palazzi F. (Eds.). Desafíos de una teología iberoamericana inculturada en tiempos de globalización, interculturalidad y exclusión social. Actas del Primer Encuentro Iberoamericano de Teología, 385  ↩︎

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