Este artículo tiene como fin establecer puentes entre el movimiento lesbofeminista y las comunidades de fe cristiana, dos movimientos aparentemente sin muchas coincidencias, pero que debido a la arremetida de fuerzas conservadoras deben encontrar puntos de encuentro para afrontar el peligro que estas corrientes significan para ambos movimientos. Una de las estrategias que proponemos es coincidir en la urgencia de avanzar hacia Estados laicos, sociedades laicas e Iglesias laicas. Un estado es laico si no tiene una religión establecida como oficial, se mantiene neutral en relación a las iglesias y creencias religiosas, garantiza la libertad espiritual de todos y todas las ciudadanas. Además, son gobiernos secularizados para garantizar que todo espacio público que depende de ellos, esté separado de cualquier símbolo, valor o principio religioso y para asegurar que las autoridades estatales tomen decisiones sobre la base de principios universales como son proteger, garantizar y promover los derechos humanos de todas, todos y todes sus ciudadanas.
Teniendo claras las características de un estado laico nos preguntamos ¿Es el Perú un estado laico? ¿Los Estados latinoamericanos son laicos?
Revisemos brevemente la influencia de la iglesia católica en los Estados latinoamericanos.
La conquista de Abya Yala, nombrada por los conquistadores como América, se realizó con el aval del papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia)[1]. A cambio, las monarquías españolas y portuguesas compartieron con la iglesia católica de Roma los recursos encontrados en nuestras tierras[2],
A partir de la independencia de nuestros territorios, los papas empezaron a firmar con los Estados latinoamericanos acuerdos llamados Concordatos, cuyo objetivo era y es regular las relaciones entre el Estado y la iglesia romana.
En el Siglo XX, después del Concilio Vaticano II[3] los concordatos cambian en algo sustancial: la iglesia católica reconoce la libertad religiosa como un derecho de las personas, conserva los colegios católicos y logra mantener el curso de religión en el currículo de la educación pública, cede los registros civiles al Estado y prosigue con los privilegios tributarios y sueldos para los obispos y curas, así como las propiedades. Todos los concordatos garantizan La influencia de la iglesia católica en los ejércitos con el nombramiento de vicarios católicos con grado militar[4].
Claramente podemos concluir que los Estados latinoamericanos no son estados laicos.
Esto representa un gran problema para nosotras lesbianas, personas trans, bisexuales, gais junto con las mujeres en general es central que el estado de nuestros países sea laico porque las autoridades públicas usan básicamente argumentos religiosos para no reconocer nuestros derechos humanos, así como para el retroceso de los mismos.
Argumentos religiosos que hacen parte del sentir común de nuestras sociedades que procuran una visión única del mundo y que son puntos de coincidencia con sectores fundamentalistas políticos y económicos.
Por eso, no solo nos urge un estado laico, también necesitamos una sociedad laica. Para que rijan principios de respeto a la pluralidad, a la diversidad, las garantías de la libertad de las personas en todos los ámbitos de sus vidas, en todas las facetas de su identidad: religiosa, política, sexual etc.
Así mismo, requerimos Iglesias laicas para garantizar instituciones religiosas que, como dice el concilio Vaticano II en la constitución Dignitates Humanae capítulo I, respeten el derecho a la libertad religiosa fundado en la dignidad humana y además, reconozcan que este principio debe ser considerado como un derecho civil protegido por los ordenamientos jurídicos de los Estados.
Por eso, proponemos el principio de la laicidad del estado, de la sociedad y de nuestras instituciones religiosas y feministas; como lenguaje común que podamos hablar sin prejuicios, sin temor a traicionar nuestras convicciones. Porque Laicidades ante todo un principio de concordia de todos los seres humanos fundado en lo que nos une, tal como plantea el profeta Isaías 11:6
“ Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. 7 La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. 8 Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. 9 No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” Y enuncia también la utopía feminista: Un mundo nuevo es posible cuyo centro es la sostenibilidad de toda vida y existencia, cuyo eje central económico, político social es la solidaridad entre todos, todas, todes los seres del planeta.
Por: Esther Rodríguez
[1] Bula alejandrina Inter coetera”
[2] Bula Eximiae devotionis, Alejandro VI el 16 de noviembre de 1505.
[3] Concilio Vaticano II, declaración Dignitates Humanae, capítulo I.
[4] OSUCHOWSKA , Marta. LA INFLUENCIA DE LA IGLESIA CATÓLICA EN AMÉRICA LATINA SEGÚN LAS NORMAS CONCORDATARIAS – ESTUDIOS HISTÓRICO- JURÍDICOS. Revista CESLA, N°17, 2014, pp 63-86
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